Terminé de leer este libro hace como una hora. Estos son mis pensamientos recientes.
Sam es un niño huérfano que ha perdido a su madre en un accidente automovilístico. Además, pasa sus días en el hospital porque debido al accidente, está a punto de perder una pierna. Sadie, por su parte, también pasa los días en el hospital acompañando a su hermana que se encuentra internada a causa de una enfermedad. Ahí es donde los protagonistas se conocen. Sam es tímido, pero Sadie logra forjar una amistad con él y rápidamente descubren que los dos son amantes de los videojuegos. Este libro está ambientado en varias décadas. Sam y Sadie son niños en los años 90 y los acompañamos durante su adolescencia y adultez.
Después de hacerse amigos de videojuegos en el hospital, Sam y Sadie se distancian debido a un malentendido —y aquí damos inicio a una serie de situaciones de no hablar las cosas que se repiten una y otra vez— y se reencuentran cuando son estudiantes universitarios. Sam le propone a Saddie desarrollar un videojuego juntos, y a partir de su éxito fundan una compañía junto a su amigo Marx. Pero esa amistad estará llena de altibajos. Más bajos que altos, para qué les miento.
Voy a ser sincera, creo que la narrativa de este libro tiene varios problemas. Sentí que la autora me quedó debiendo muchas situaciones que no se describieron en el libro. Como por ejemplo, me hubiera gustado saber más sobre la relación de Sadie con Marx cuando eran pareja. Se describe muy poco y después, con la excusa de que era un secreto hacia Sam, no nos cuentan más detalles.
Hablando de Marx, no puedo creer que mi personaje favorito muriera. Marx era la clase de amigo que Sadie y Sam debieron ser el uno con el otro. Y creo que ese es el mayor problema que tuve con este libro, está lleno de situaciones en las que los personajes principales no se dicen las cosas, que creo que el título debió ser: Todas las cosas que nos debimos decir antes. Pero luego me detengo un segundo y pienso: ¿A caso nuestra vida no está llena de situaciones en las que no nos decimos las cosas? Ocultamos nuestros pensamientos a las personas que más nos importan porque tenemos miedo a su reacción, tenemos miedo de lastimarlas.
Aun así, pasar tantas horas con estos personajes para que al final tampoco se dijeran lo que sentían fue un poco decepcionante. Y no es que no se lo hayan dicho, al final Sam y Sadie logran retomar su amistad, pero lo hacen de una manera muy superficial. Porque ¡hey!, si al llegar a la adultez no eres capaz de abrirte a tu mejor amiga, amigo, amigue, ¿puedes decir que realmente lo fueron?

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